En 1938, la invención del florete eléctrico ganó el concurso organizado por la Federación Internacional de Esgrima y revolucionó el mundo de la esgrima: es el resultado del estudio de un esgrimista apasionado y brillante técnico, el ingeniero Sergio Carmina. El sistema de señalización es finalmente aprobado en 1952 y todavía se utiliza en todo el mundo de la esgrima. En 1978 se realizó otro importante sistema, el anti-bloqueo, también creación de Carmina, que contrastaba con el sistema alemán de luces amarillas: el sistema impide que, poniendo en contacto la cazoleta con el chaleco metálico, el tirador atacado neutralice el golpe válido. La superioridad de este sistema se evidencia por el hecho de que fue adoptado por los fabricantes de material de esgrima.
Junto con la patente del florete, se fundo la empresa Carmimari, fundada por Camina y su amigo Lucio Marini. A través de la hija de Carmina, Emma, también esgrimista, la empresa continúa con la tradición, con el mismo espíritu del fundador.




